dimecres, 26 de novembre de 2014

Canciones de amor a quemarropa - Revista de Letras

¡OH, AMIGOS MÍOS!

21 noviembre 2014CríticasPortada
Nickolas Butler | Foto: St. Martins Press
Nickolas Butler | Foto: St. Martins Press
Cuando Derrida se propuso analizar la amistad, partió de la frase aristotélica que decía: “¡Oh, amigos míos, no hay ningún amigo!” y, a raíz de ella, deconstruyó nuestra noción de amistad. Cuando Nickolas Butler se propone analizar el mismo concepto, en Canciones de amor a quemarropa, lo hace a partir de la desestructuración vital que conlleva el paso del tiempo. Las personas cambian, los amigos menguan y llega un momento que uno se plantea cuánto falta para que aquellos que un día fueron tus amigos (primordialmente por motivos geográficos) pasen a ser meros conocidos con quienes intercambiar algún incómodo saludo de cortesía.
“Qué curioso, me dije entonces, lo mucho en común que tenían nuestras vidas y lo poco que se parecían, aunque los dos veníamos del mismo rinconcito del planeta”.
Libros del Asteroide
Libros del Asteroide
Cuatro amigos. Cuatro vidas distintas. ¿Alguna más válida que la otra? Probablemente no. Pero, sin embargo, la de la estrella del rock (libremente basada en la figura de Justin Vernon, cantante de Bon Iver y amigo de la infancia del autor) parece ser la que más nos atrae, la que más seduce a los protagonistas. Se preguntan cómo debe ser su vida tan distinta a las suyas; cómo debe ser viajar por todo el mundo; cómo deber ser tener esas mujeres tan impresionantes a su lado (“me pregunté qué sentiría uno al tocar el cuerpo de esa mujer, al estar con alguien tan bello”); cómo, en definitiva, debe sentir poder huir del pueblo. Un pueblo que encadena silenciosamente a sus habitantes, que los encandila y los oprime a partes iguales, que alarga sus tentáculos para reclamarlos de vuelta a su lado porque, a parte de Henry, todos los demás, en algún momento u otro, han intentado vanamente escapar de él. El mundo exterior que han encontrado les ha devuelto heridos y débiles de vuelta a sus raíces.
En esta novela coral al estilo de Libertad de Jonathan Franzen o La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, Butler concede cada capítulo a un personaje distinto para que muestre su realidad desde su propio punto de vista...
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